Ella dice que olvidará todo lo malo y yo tiemblo pues sé que de seguro, allí estoy yo.
Todo lo que ha ocurrido desde entonces ha sido de pena y dolor mientras me dedicaba a pasar las hojas del libro del deseo.
Es verdad que el tiempo y la distancia derramaron un letargo sobre mí y entre las noches oscuras y los amaneceres sombríos, me perdí en las memorias de los desmemoriados.
Y ahora que la sé, nuevamente ajena, maldigo la desolación y la esclavitud que del paso del tiempo nos hacemos.
Quiera algún dios que un día se acabe la espera, antes que la misma acabe por terminar con aquellos que esperan, y la angustia barata de desaparecer, se reduzca a cenizas con las melancolías y todas las algias.
Si mañana no estamos vivos aunque sea en la memoria del ayer, alumbrará un nuevo sol, helado en su centro, vacío, sin el peso del pasado, es verdad, pero también borrado el camino que lo llevó hasta allí.
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